Las aulas son lugares ideales para el contagio de los piojos, un problema endémico entre los chicos de edad escolar. De hecho, los especialistas estiman que ocho de cada diez niños tiene piojos al menos una vez durante el ciclo lectivo.
Por eso, los especialistas recomiendan a los padres revisar las cabezas de los niños e iniciar un tratamiento antes de empezar las clases. Luego, cuando comiencen a concurrir a la escuela, conviene apelar a lociones o tratamientos preventivos y continuar con la revisación.
Si bien la molesta picazón es el síntoma más conocido de la pediculosis, ésta no es su peor consecuencia. No tratarla suele generar que “el rascado desesperado de los chicos provoque microheridas en el cuero cabelludo, lo que a su vez, permite el ingreso de bacterias al organismo procedentes de la materia fecal del insecto y esto puede generar infecciones, irritación excesiva en el caso de las personas alérgicas, costras, supuración y la inflamación de los ganglios”, explicó Alicia Rossito, dermatóloga del hospital provincial Sor María Ludovica de La Plata.
Aunque el piojo no salta como se suele creer, el contagio es muy simple: se produce por contacto directo de una persona infectada con otra, o bien por compartir elementos que pueden tener piojos, como peines, cepillos, colitas, fundas de almohadas, toallas y hebillas.
“De nada sirve realizar los tratamientos o sacar los piojos en forma regular con el peine fino, si no se toman medidas con esos objetos en los cuales el parásito puede vivir hasta 48 horas”, agregó Rossito, y recomendó que todas las cosas que estén en contacto con la cabeza se laven y, si es posible, se las deje fuera de la casa a una temperatura ambiente baja durante un par de noches.